Hablar por hablar

Hacía tiempo que me había prometido a mí misma no escribir sobre el monotema que ha invadido nuestra vida desde hace meses. Es cierto que empecé el confinamiento con humor (relativamente), bromeando sobre el encierro con la buhíta de siete años y la locura transitoria que amenazaba con visitarme.

Pero eso fue al principio.

He estado tan desanimada que no tenía ganas de hacer absolutamente nada. Pero las responsabilidades son las responsabilidades, y entre ellas el ser madre y guía. Esa responsabilidad no te permite venirte abajo tan a menudo como a veces necesitas. El colegio nos ha absorbido a las dos. A ella porque no encontraba la forma de centrarse en casa ya que cualquier cosa la despistaba (incluida la perdiz que canta todos los días y forma parte de nuestra rutina), a mí porque trataba de traerla de nuevo y seguir con la tarea.

Está siendo difícil para todos, huelga decirlo, por eso me resultaba complicado escribir sin acabar siendo tediosa. Pero es que las redes sociales son muy exigentes y si no estás, no existes. Aunque tengo suerte con mis seguidores y seguidos, también he de ser justa, porque más de uno me ha preguntado dónde andaba o con qué estaba tan ausente. Así da gusto.

Pero es que no se me da bien hablar por hablar, no soy de hablar del tiempo o mantener conversaciones de ascensor… Y si no tengo nada que decir, pues directamente no lo digo. Suerte que no soy ninguna influencer y no me he visto obligada a hacer refritos de mis viajes o a enseñaros mi rutina de belleza…

Deciros que no me ha apetecido leer nada ni escribir nada.

Siempre digo que ni lo uno ni lo otro debería ser una obligación o una competición, ni un reto, ni una forma de tener más seguidores o una estantería más colorida. Para mí las letras son otra cosa. Escribo con el corazón, aunque suene cursi, y si mi corazón no me late ideas o ganas, prefiero esperar y mimarlo antes de escribir una memez de la que no poder sentirme orgullosa.

También es justo decir que no es que esté pintando la mona, sino que estoy adelantando algo que me apasiona, no es la primera vez que lo comento, dentro del proceso de la escritura. Y ese punto tan flipante es la investigación y la organización de las ideas (que soy un desastre y tengo diálogos, fechas y nombres en soportes de todo tipo). Y me obligo a meterme en la historia, porque ella también merece que le hagan casito.

No os voy a decir que volveré pronto con novedades porque soy muy mía con los proyectos que empiezo y no me gusta airearlos antes de tiempo, pero sí os puedo decir que os deis prisa en acabaros “Nómadas. Los Hijos de la Catástrofe” porque después de la pandemia van a aparecer legiones de libros sobre lo mismo y no quiero que perdáis de vista mi nombre porque yo ya estaba ahí antes, contando algo sobre un virus, sobre una guerra, sobre cómo salir adelante………. Esto no es un spoiler, es un empujoncito para que os decidáis si no lo habéis hecho todavía, y os hagáis con él (o podéis pedírmelo a mí directamente si os gustan los regalos personalizados), porque “lamentablemente” no soy Massiel y no voy a vivir forever de un único éxito… Y ya os digo que el siguiente proyecto estará por encima de “Nómadas”.

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