Segundo extracto de “Nómadas”

“No dejo de mirarte mientras hablas (…). Me has hablado de la guerra, del ejército y de los Hijos de la Catástrofe. Me has hablado del nuevo idioma que se ha creado y doy gracias al cielo por recordar al menos el nuestro. Me has puesto al día en unos instantes.

Las guerras por el petróleo que fue el principio de todo, las dos alianzas enfrentadas, países productores contra países consumidores…

Por un lado Rusia, Alemania, Francia, China, Japón y Estados Unidos, ¡cómo no! Por el otro, prácticamente todo Oriente Medio, México, Venezuela y parte del continente africano.

Parece ser que, tras la guerra de Irak, Estados Unidos se hizo con el control de los pozos petroleros. El 90% de los ingresos de Irak era por el petróleo y sin ese oro negro estaban perdidos. Sin que la ONU sospechara nada, Irak buscó apoyo y rápidamente se constituyó un bloque que, de manera perfectamente orquestada, incendió todos los pozos petroleros que estaban en manos de los americanos y sus aliados.

La famosa doctrina del Destino Manifiesto les reventó en la cara, literalmente.

Los consumidores también se unieron en otra alianza que declaró la guerra. Más tarde se diría que con aquellos incendios y las salvajes columnas de humo negro estalló la Tercera Guerra Mundial. Quien más y quien menos simpatizaba con un lado u otro. Pero nosotros, que nos habíamos caracterizado por acoger inmigrantes de guerras pasadas, ¿qué pintábamos en too aquello?

Una península de apenas cuarenta y cuatro mil kilómetros cuadrados. Bastante aislados y desconocidos. Fuertemente cristianos en su mayoría. Quizá por eso, gracias a nuestras creencias, acogimos a todo aquel que lo necesitó. Aunque puede que después nos viéramos sobrepoblados y acabáramos por culpar a aquellos extranjeros de nuestra suerte, la cruda realidad fue que nuestros mandatarios nos vendieron por hacerse amigos de los más poderosos. Nuestro presidente, elegido democráticamente por todos, inmigrantes incluidos, nos vendió por hacerse una foto con los líderes del mundo moderno. Vendió a su pueblo en forma de ejército no profesional en un territorio neutral y desarmado. La serpiente enroscada que formaba nuestra bandera no podía haber representado mejor a un tipo tan rastrero como aquel. Cuando regaló las vidas de sus compatriotas, desapareció y nos abandonó. Las bombas de la alianza productora no tardaron en hacernos volar por los aires y la única salida por tierra que teníamos se cerró. Nuestra política de puertas abiertas se acabó y nosotros estábamos en el lado equivocado”.

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