El hilo rojo del destino

Miré hacia atrás, pero no pude distinguir mis pasos,

aquella larga y virginal cola nupcial, borraba mis invisibles huellas,

mi pasado y mis errores.

Los malos espíritus ya no podrían seguir mi rastro.

 

Aprieto el ramo de flores contra mi pecho,

el pecho que una vez latió por ti,

y doy un paso más hacia él, mi futuro error.

 

He ido borrando tu existencia, pretendiendo negar lo innegable,

he avanzado hacia él, echándote de mi vida.

Pero en mi dedo sigue atado el hilo rojo que nos une,

el hilo rojo sigue aquí, es lo único que permanece fiel.

 

Detengo mi avance y tiro del hilo,

tiro de él como si fuese un sedal.

Brilla antes mis ojos, rojo, como la sangre que lo riega.

Ilumina otro camino, que me aleja de allí y me lleva hasta ti.

 

No puedo luchar contra el destino,

cierro el puño y sólo consigo enredarlo,

una madeja que simboliza nuestro enmarañado pasado.

 

Fuiste el faro que me guiaba,

y yo, cegada, no evitaba las afiladas rocas que me laceraban.

Ahora no tengo guía, ni malos espíritus recorriendo el rastro de mortal.

 

Tiro y lo destruyo, rompo la cadena, separando nuestros caminos,

y alejándome de allí, de mi futuro y de mi pasado,

hago una hoguera con tus recuerdos y la avivo con las flores secas.

 

Caliento mi corazón con las brasas de mis miedos,

y enfrento un nuevo comienzo sola,

sola, blanca y libre.

 

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