“Los gritos” (2004)

Los gritos retumbaban en la casa. El bebé empezó a llorar en su cuna, asustado con tanto alboroto. Andrea estaba en el pasillo, aplastada contra la pared para evitar ser vista. Los quejidos de su hermano llegaron a sus oídos y, de puntillas fue a su habitación. El pequeño agitaba los brazos en el aire. Un ruido de cristales estalló en la cocina y supo que le había pegado de nuevo. Se aupó sobre la cuna y le tapó la boca mientras susurraba:

-Calla, Miguel, te oirá y se enfadará más con mamá.

El niño agitó los brazos con más fuerza, debatiéndose bajo la mano de Andrea. Los gritos continuaban y ella miraba alrededor, hacia la puerta, esperando que se abriera y apareciera él con mamá agarrándola por el pelo. Miguel se quedó quieto al final. Muy quieto y callado y Andrea apartó la mano.

Se tapó los oídos. Hace un par de meses, se habría metido en algún armario o bajo la mesa del comedor, pero ahora sabía que los gritos desde allí se oían igual. Su mirada se detuvo en la ventana y sonrió. Trepó al cambiador de su hermano y giró el tirador. El frío de noviembre le golpeó en la cara. Se aupó y respiró. Sí, hacía frío, pero no oía los gritos. Cerró los ojos mientras sonreía y sus manos perdieron el apoyo. Su pelo flotó. El viento golpeaba con fuerza su rostro sonriente. Las ventanas de pisos inferiores pasaban rápidamente.

-Ya no los oigo, Miguel -gritó.

Pero el asfalto se comió sus palabras.

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